El juicio se quedó en pausa
No era el show: era lo que provocó al mirarlo sin prejuicio.
Por Mónica Rosendo
Soy fan de la NFL desde que me acuerdo, este deporte ha formado parte fundamental de mi vida a lo largo de los años, y desde que el show del medio tiempo en el último partido de temporada de esta liga comenzó a tener importancia, prácticamente no me he perdido ninguno.
¿Cómo no evocar a Michael Jackson, The Rolling Stones, Prince o al mismísimo Paul McCartney en la pantalla de mi tele cantando mientras los jugadores tomaban un merecido descanso?
Con el paso de los años, el show del medio tiempo fue tomando mayor relevancia año tras año, la mercadotecnia hizo lo suyo y lo hizo muy bien. Pero cuando el año pasado se confirmó que el 8 de febrero del 2026 ese anhelado espectáculo en el descanso del Super Bowl LX estará a cargo de Bad Bunny, a mí como a la inmensa mayoría de los fanáticos y no fanáticos del football americano de Estados Unidos, me quería dar un colapso ¿cómo él? o mejor dicho ¿por qué él?
Me sentí decepcionada, traicionada y molesta, indignada me dije que no vería ese show ¿para qué perder mi tiempo? Pudiendo escuchar a un buen cantante ¡yo no iba a ver a este hombre!
Por supuesto que no soy fan del llamado Conejo Malo, como a muchos "pueltoliqueños" con trabajo se les medio entiende una que otra palabra cuando hablan, además sus letras que rayan en lo misógino, sus videos sexosos, etc. ¿Cómo podría YO ser fan de este señor?
Con el paso de los meses lo entendí, el show del medio tiempo ya no es para los fanáticos del deporte, nosotros ya somos público asegurado, ese show es para alcanzar a las audiencias más jóvenes. Entonces todo cobró sentido ¿quién mejor que Bad Bunny y sus 50 millones de seguidores en IG?
Y bueno, el día llegó, y con apertura decidí que sí vería ese espectáculo de medio tiempo, porque luego de una plática, entendí que no es un concierto sino un SHOW, y como tal merecía la pena verlo pq la promesa era que todas las canciones serían en español, y ese fue un gran atractivo.
No me arrepiento de haberme quedado frente a la pantalla, y no por las canciones (porque de verdad no entiendo más de la cuarta parte de lo que sale de su boca) fue de verdad UN GRAN SHOW DE MEDIO TIEMPO.
Benito Martínez se dio el lujo de montar las calles de cualquier ciudad de América Latina en el campo de juego, porque no necesariamente era Puerto Rico, también era México, Belice, Cuba, Colombia… el sabor de nuestra identidad se sentía en la pantalla, en los colores, en las personas, en los bailes, en la boda, en las plantas… ese campo se transformó y nos sacó por completo del juego que estábamos viendo.
Ver a Lady Gaga cantando (en inglés) lo que es tan latino, Ricky Martin cantándole a su isla y a su gente me volaron la cabeza. Pero escuchar a Bad Bunny invitar a quien lo veía a confiar en sí mismo porque vale mucho, escuchar que el amor es más fuerte que el odio mejor aún, que América es UNA SOLA, que el continente somos todos… Me pareció la mejor manera de usar esos 13 minutos que valen mucho más que oro, porque este señor no necesita la exposición para promover su música, por eso cada instante de ese show fue creado para exaltar nuestras culturas y para defender el amor, amor entre humanos, amor entre naciones y el que quizá es más importante, el amor a uno mismo.
No, no me gustan sus canciones, no le entendí (gracias por las pantallas donde podía leer lo que él decía), no me gusta el perreo, no me gusta Bad Bunny, pero le reconozco su valor, su determinación y su amor por esta América que tan lastimada está.

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