Tumorrou: el guion que Frank Rodríguez decidió recuperar

Frank Rodríguez retoma Tumorrou, un guion escrito hace 13 años, para mirar de frente la fragilidad de una compañía juvenil de teatro.

Por Ligia M. Oliver

Tumorrou, escrita por Frank Rodríguez, retrata a una compañía juvenil que enfrenta tensiones antes de un viaje clave. Un espejo generacional sobre vocación y pertenencia.

Hay historias que se pierden en el tiempo y otras que simplemente esperan su momento. Tumorrou pertenece a la segunda categoría. Frank Rodríguez escribió el guion hace más de una década, lo filmó en una primera versión y perdió por completo el material. La película desapareció físicamente, pero el texto quedó vivo. Años después decidió volver a él, no desde la nostalgia, sino desde la intuición de que seguía diciendo algo urgente.

Lo sorprendente no fue recuperar la historia, sino comprobar que no había envejecido. “La juventud no ha cambiado, al menos no la del teatro”, afirma. Y lo dice desde la experiencia, porque el guion nació de sus años en compañías universitarias, de lo que vivió y de lo que observó en otros: problemas existenciales, exceso de sustancias, familias que no entienden la vocación artística, una identidad todavía en construcción.

En Tumorrou, una compañía juvenil está a punto de viajar a Canadá para representar a México en un festival internacional. La noche anterior, las tensiones personales empiezan a romper el equilibrio del grupo. La película no se concentra en el viaje, sino en ese instante previo en el que el sueño compartido comienza a mostrar sus grietas. No hay villanos evidentes, hay inseguridades, heridas, silencios acumulados.

Tumorrou, película escrita por Frank Rodríguez. Póster: Cortesía para su promoción.

Frank Rodríguez y el espejo generacional

Lo que hace interesante a Tumorrou es que no pretende dramatizar en exceso. Es clasificación B y funciona más como espejo que como denuncia. Frank Rodríguez reconoce que, aunque hoy los jóvenes tienen celulares, redes sociales y otro tipo de exposición, las preguntas de fondo siguen intactas. ¿Quién soy? ¿Vale la pena apostar por esto? ¿Qué pasa si fallo? ¿Qué significa representar algo más grande que uno mismo?

La película puede abrir conversación entre padres e hijos con inquietudes artísticas, pero también interpela a cualquier espectador que haya sentido que pertenecer a un grupo es tan frágil como necesario. Más allá del teatro, Tumorrou habla de identidad colectiva y del momento incómodo en que crecer deja de ser romántico.

Aquí puedes ver la entrevista completa con Frank Rodríguez sobre Tumorrou:

Entrevista con Frank Rodríguez sobre Tumorrou, realizada por Ligia Oliver para FancineTC.

Un rodaje independiente sostenido por preparación

Uno de los riesgos más grandes de Tumorrou no estuvo en el contenido, sino en las condiciones. Se filmó en siete días. Siete. Sin embargo, ese ritmo fue posible porque hubo dos meses previos de preparación con actores noveles. Frank Rodríguez trabajó con ellos antes de entrar al set, algo poco habitual en la industria nacional, donde muchas veces el ensayo es un lujo.

La apuesta fue clara: confiar en jóvenes sin experiencia cinematográfica, levantar una producción cooperativa con apoyos en especie, trabajar desde la independencia real. La película no nació de una maquinaria industrial, sino de una red de voluntades. Esa decisión se siente en pantalla, en la energía grupal que sostiene la tensión.

Frank Rodríguez en Tumorrou. Still: Cortesía Lylu Films y Film Man/Julio Espinosa.

La música en Tumorrou

Para la música de Tumorrou, Frank Rodríguez recurrió a los hermanos Arteaga, DJs reconocidos en la escena electrónica de Guadalajara, particularmente vinculados al espacio La Barra América. Ellos cedieron los derechos de pistas originales que ya habían compuesto para integrarlas al score de la película.

Frank Rodríguez agradece explícitamente esa colaboración y subraya que la música tiene un peso importante dentro del filme, al punto de considerarla un personaje más. Más que un acompañamiento incidental, el sonido forma parte del ambiente que rodea a la compañía y se integra a la energía juvenil que atraviesa la historia.

Still: Cortesía Lylu Films y Film Man/Julio Espinosa.

El instante que condensa el corazón de Tumorrou

Sin adelantar nada, Frank Rodríguez señala que la escena final, la conversación entre el maestro y los jóvenes antes de partir, concentra el espíritu del filme. No se trata de un clímax estridente, sino de un momento de pausa, casi de respiración, donde el futuro deja de ser abstracto y se vuelve inminente.

Cuando le preguntan qué le diría a alguien que duda en verla, responde que volverá a su yo joven. Y si todavía está ahí, se reconocerá. Esa es, quizá, la promesa más honesta de Tumorrou.

La película habla del vértigo previo al salto. De la fragilidad de los pactos colectivos. De esa edad en la que todo parece definitivo y, sin embargo, todo está apenas comenzando.

Te dejo el tráiler:

Yo soy y me llamo Ligia Oliver. Periodista cinematográfica, guionista, locutora, editora, traductora y productora de cine, radio y televisión. Integro el Consejo Directivo de Tinta Escritores Cinematográficos México. Desde hace años sostengo un espacio de análisis y conversación en torno al cine a través de columnas, entrevistas y crítica.

YouTubeIG: @lixoliver FB: @lixoliverligia o lixoliver@gmail.com

Si ya viste Tumorrou, de Frank Rodríguez, quiero saber qué momento te hizo volver atrás, si la tensión del grupo, la conversación final o esa sensación de estar a punto de cruzar una línea. El cine también sirve para eso, para reconocernos en lo que fuimos y en lo que todavía estamos aprendiendo a ser.

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